Presentación del libro "Etimologías lacanianas. Cartografías para una zona de lectura" de Jorge Huerta
Alejandra Taboada


La etimología me interesó desde el bachillerato, a propósito de una materia: Etimologías grecolatinas. Aún recuerdo cómo me impactó que mi maestra nos dijera el origen de la palabra “familia”: del latín familia, que a su vez deriva de famŭulus, cuyo significado original era "sirviente" o "esclavo". Me voló la cabeza.
La historia tiene que ver con las palabras.
La Etimología es el estudio del Etymos (ἔτυμος), que es raíz o vocablo del que procede otro vocablo. Y la palabra Etymos (ἔτυμος), tiene su historia también. Hay a quienes no les gusta la palabra etimología y prefieren hablar de historia de las palabras. Yo adhiero también a esa línea.
La palabra Etymos (ἔτυμος) proviene una palabra griega, un adjetivo que significa verdadero, y de ese adjetivo surge un sustantivo neutro en griego, que significa “significado verdadero de una palabra”. Si comparamos el significado antiguo de Etymos (ἔτυμος), encontramos su derivado, étymon (ἔτυμον) que se refiere a la palabra fuente o raíz original de un término. De esta raíz proviene la palabra etimología, que significa "el estudio de lo verdadero". Es decir, la búsqueda del significado y origen auténtico de las palabras.
Según la Real Academia Española, etimología significa: “Estudio del origen de las palabras” y “el verdadero estudio de la palabra”, con lo cual queda a la vista una relación entre el origen y la verdad, y esta es una relación cargada de ideología, de cosmovisión, lo cual puede tener sus complicaciones.
Por ejemplo, el par “naturaleza” y “cultura”: natura – cultura. Cada uno deriva de un verbo latino con la terminación “ura” pero natura cayó en desuso en algún momento, y de su derivado natural se construyó naturaleza, que la sustituyó al caer en desuso. Ahora bien, la palabra “cultura”, que también tiene el derivado: “cultural”, nunca generó “culturaleza”. Eso es un detalle interesante que tiene que ver con quiénes, a lo largo de la historia, usan las palabras, en dónde se usa más una palabra que la otra.
Este par, naturaleza – cultura / natura – cultura, se plantea como un par de conceptos excluyentes (lo que es natural no es cultural y viceversa). Pero podemos sospechar que la naturaleza es una forma de la cultura, no parecen conceptos excluyentes, sino que hay una relación de inclusión: la naturaleza es una construcción de la cultura. Aquello a lo que le llamamos naturaleza es una construcción histórica de la cultura.
Jorge Huerta va a buscar las referencias etimológicas que señala Lacan para dar cuenta si fue algo que se inventó si la fuente era confiable y verdadera. En algunos casos sí, en otros casos la forzó.
Pero que no corresponda lo que de Lacan dijo con la definición exacta tiene su sentido. Un sentido que Lacan mismo señaló en el seminario de la Angustia, en donde está trabajando el tríptico Freudiano: inhibición, síntoma y angustia.
En la clase del 14 de noviembre de 1962, dice: “Y si se mira lo que quiere decir, estar impedido –sépanlo bien, esto no implica ninguna superstición del lado de la etimología; me sirvo de ella cuando ella me sirve a mí-, de cualquier modo, impedicare quiere decir estar en la trampa.”
Fíjense en lo que dice: “Me sirvo de ella (de la etimología) cuando ella me sirve a mí”.
Esto me resuena por dos lados.
Primero, la relación que establece Lacan con la “verdad” y que podemos ubicar en estas formulaciones:
- “La verdad habla”: La verdad aparece allí donde el sujeto dice más de lo que cree decir, porque se manifiesta en los síntomas, en los sueños, en los lapsus, en los actos fallidos.
- “La verdad tiene estructura de ficción: Lacan no quiere decir que la verdad sea falsa, sino que sólo podemos acceder a ella a través de construcciones simbólicas: relatos, recuerdos, fantasías, narraciones. no existe una verdad pura, desnuda.
- La verdad es siempre parcial: no puede decirse toda. La verdad sólo puede decirse a medias.
- Verdad y deseo: En el análisis no se trata de descubrir una verdad objetiva sobre los hechos de una vida, sino de poner en juego la verdad del deseo. Una misma situación biográfica puede ser narrada de múltiples maneras; lo decisivo para Lacan es qué posición subjetiva se revela en ese relato.
En ésta última formulación el relato tiene la mayor importancia.
La palabra “Relato” está vinculada a relación: una relación de acontecimientos. Proviene de un verbo latino irregular: “referre”. Referre está compuesto por: re- = hacia atrás, de nuevo. Y ferre = que significa “llevado” o “traslado”. Es decir,significa llevar, portar. Y de allí derivan muchas palabras del español que terminan en “ferir”: conferir, transferir, inferir.
En latín existía el verbo irregular “ferre” y un derivado era “latum”, que es el supino del verbo “ferre”. En español, todos estos verbos que terminan en “ferir” tienen un derivado que termina en “lato”: referir = relato, transferir = traslato (trasladar), diferir = dilato (dilatar), relación = relativo.
Jorge, en su libro, nos relata también: trae algo, es portador de algo, va de vuelta a Lacan y nos trae algo.
Todas estamos invitadas a leer a Lacan, pero lo que cada una haga con eso, hace una diferencia. Jorge, con su trabajo en Etimologías Lacanianas, con lo señala en el subtítulo, elabora un mapa, da una coordenada, propone puntos de anudamiento para leer y trabajar algunos señalamientos que Lacan hace en sus seminarios, pero considero que lo hace más al estilo de Deleuze Guattari, en Mil Mesetas, en donde la cartografía resulta una práctica de exploración más que de representación. Es decir, no se pregunta únicamente “¿Qué es esto?” sino, ¿cómo funciona? ¿qué relaciones establece?, ¿Qué transformaciones son posibles?, ¿qué líneas de fuga aparecen?
Para Deleuze y Guattari, una cartografía es un mapa vivo de relaciones, fuerzas, afectos y procesos. No pretende representar una realidad ya constituida, sino seguir su producción y sus transformaciones.
Esto se traduce, desde mi lectura, en una invitación a volver leer a Lacan, para encontrarse con lo que a cada una le resuene.
En la página 79 Jorge hace referencia a la etimología de la palabra Felicidad (bonehur), que Lacan señala en el seminario de La Ética del psicoanálisis (1959-1960), en la clase del 18 de noviembre 1959:
“Con seguridad Freud no duda –no menos que Aristóteles- de que lo que el hombre busca, lo que es su fin, es la felicidad. Cosa curiosa, la felicidad, en casi todas las lenguas, se presenta en términos de encuentro, Týkhê. Hay ahí una divinidad favorable. Felicidad es también para nosotros augurum, es también un buen presagio, y también un buen encuentro.”
Al cierre del libro, Jorge escribe: “Un psicoanalista es, como lo dijimos en su momento, un experto en nada, y esto Lacan lo sabía, sólo que al parecer no todos los psicoanalistas tienen hoy ese mismo saber.”
El libro de Jore es una invitación a leer desde el NO-SABER, porque no por haber leído una y otra vez a Lacan, sabemos algo, sino que es a partir del No-Saber que se puede dar un encuentro.
El sábado 30 de mayo del 2026 llevamos a cabo la presentación del libro "Etimologias lacanianas. Cartografías para una zona de lectura" de Jorge Huerta.
En la mesa me acompañó nuestro amigo y colega, Jesús Serrano, psicoanalista hidalguense y docente en el Instituto de Ciencias de la Salud de la UAEH, además del autor.
La presentación se realizó en la Antigua Estación del Ferrocarril de Tula de Allende, Hidalgo.
Comparto aquí el texto que preparé para dicha presentación.
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